domingo, 3 de junio de 2007

La mala educación

Hace unos días durante mi fugaz visita a Turín pude disfrutar del edificio más característico de la ciudad: La Mole Antonelliana. Un edificio, que sale en el reverso de las monedas de 2 céntimos, construido entre 1863 y 1888 que alcanza los 113 m, y que ha sido reconvertido de una forma exquisita en el Museo Nacional del Cine. En el interior, la ambientación es muy moderna: un ascensor panorámico que sube por el centro de todo el edificio hasta el mirador, focos que colorean los decorados de películas expuestos e, incluso, una cafetería de lo más chic dónde poder tomar un café viendo fragmentos de películas.
En la sala principal, se puede ver la parte interior la cúpula cuadrangular dónde también se han fijado grandes estrellas del celuloide cinematográfico. En uno de los espacios, una gran nevera da paso a una pequeña sala dónde las butacas son urinarios que invitan a la percepción del filme desde otra ubicación. En este pequeño cine se alternan pequeños fragmentos de películas contemporáneas, entre las que se encuentra el cortometraje
El amante menguante que Almodóvar creo en Hable con ella.
Me sorprendió gratamente el hecho de la proyección ya que estos minutos de película me encantan y considero que están realmente bien hechos. Sentado en uno de esos sanitarios contemplaba como el personaje de Fele Martínez descendía por los pechos de su amada para dirigirse hacia el famoso monte de Venus.
Pero cuando alza la vista para dirigirse a su selva del deseo la proyección funde a negro dejando al espectador sin conocer el final. Realmente me sentó muy mal aquella censura ridícula que me recordaba a los intermedios en los cines cuando además proyectaban: “Visiten el bar”.

Comencé a pensar lo realmente maleducado que había estado el museo con el artista y, sobre todo, con el espectador.
Era como si sólo te dejasen ver La Maja vestida, o La Maja desnuda con una burda tela. Y comencé a pensar en la mala educación que caracterizaba a los italianos. Y es que, si ya es difícil encontrar un camarero o taxista amable en el mundo, en Italia es imposible. Y no por falta de teoría, a la hora de las palabras tienen expresiones para todo: desearte buen día, buen domingo, buen día de fiesta… pero en la práctica son unos verdaderos fracasados.
El pasado domingo, sin ir más lejos, intentaba pedir dos bebidas diferentes en un local de Milán. El camarero, un fracasado con un trabajo de mierda, homófobo y que se creía un semidios, ni si quiera me miró mientras se lo pedía. Sólo lo hizo después para gritarme que por qué no pedíamos el mismo tipo de bebida. No daba crédito aquella noche.


La falta de amabilidad no es solamente un problema de educación, sino el efecto de vivir en un país atrasado y no querer hacer nada para cambiarlo.


1 comentario:

Enyesque dijo...

Yo estuve en la Mole! Qué bien me lo pasé en Turín en mis años mozos..qué mayor me estoy haciendo ya.