martes, 7 de noviembre de 2006

Mi desconfianza

Seas quien seas siempre he confiado en la bondad de los desconocidos” susurraba Blanche du Bois en Un tranvía llamado deseo. Toda esa inocencia es parte de la confianza.
Ahora ya sólo doy las oportunidades justas. Mírame y decídete porque me he vuelto un intolerante. Sólo me valen las primeras palabras y tu primera decisión. Toda una vida estuve convencido de que tenía que probar segundas y terceras veces. Pensaba que el hombre, como tal, tropezaba mil veces en la misma piedra y merecía volver a ser escuchado. Pero ahora sé que sólo son exégetas de la mentira. Piedras de una caprichosa ventura insaciable de lágrimas. Y es que tú has forjado mi carácter. Me has enseñado a no llamar más de una vez por teléfono y a no insistir tras tus decisiones. Pasé de estar compungido y derrotado a aceptarlo con total naturalidad. A volverme inerte cuando mastico tu barra de hielo. Aunque, he de reconocer que, muchas veces, no creo en tu maldad y me ilusiono con brillos en mis ojos. Los días que no monto guardia son los que aprovechas para escalar las paredes del mio cuore.

2 comentarios:

Venutz dijo...

El exceso de desconfianza mata al niño que llevamos dentro :(

un abrazo, y enhorabuena por el texto, me ha puesto los pelos de punta.

Onymusha dijo...

Totalmente deacuerdo contigo. Ya está bien de que sean siempre los mismos los que se equivoacan, y también los mismos que tenemos que perdonar. Que les den por el culo. ¡STOP a la violencia de género!