domingo, 25 de junio de 2006

Ha muerto


Ha muerto. Como augurando el mal padre que nunca seré. Se ha vuelto a ir con la desesperanza de saber que no ha sido la primera ni será la última. Quizá no supe cuidarte, quizá te cuidé demasiado. Por uno u otro motivo has decidido abandonarme, casi al mismo tiempo en el que huyo de esta ciudad y, sobre todo, de esta casa. No te lo voy a negar, otras estuvieron antes que tú. Muchas, venidas de todas partes y muy vivas. Pero todas han hecho lo mismo, me han abandonado. Están muertas. Se han ido consumiendo como un cigarro, que no se sacia con destruirse él mismo, también consume con lentitud al fumador. He visto como te caías, yo te levantaba y te daba agua para seguir. Pero quizá -sin malas intenciones- te ahogué en el entusiasmo de sentirte viva, a mi lado. Sabía que te gustaba la música, así que mil notas pulalaban cerca de ti. Esperaban, de forma ingenua, tu recuperación. He de confesarte que este trago no es tan amargo como los primeros. Es lo negativo de la experiencia. Ahora entierro lo que queda de ti y me despido. Tu alma ya no está aquí, pero sí queda toda la responsabilidad y el cargo de conciencia de haber provocado tu muerte. No sé si debo ser juzgado, pero creéme que yo quería verte viva, a mi lado. Ya no puede ser, ha muerto. Mi planta ha muerto.

1 comentario:

Heisserss dijo...

Fuiste una gran planta, y siempre estarás en nuestros corazones. Luchadora, supiste sobrevivir a las ahogadillas de un niño juguetón, supiste escuchar conversaciones desagradables a altas horas de la noche, con la eterna tentación de desenterrar tus raices y echar a correr. En general, supiste más de la vida que tu dueño.

Fué tu hermosura la razón del fatídico desenlace. La envidia del afortunado en el juego, la causa que te provocó la muerte. Nunca soportó que le hicieras la más mínima sombra, y antes de marcharse a otra ciudad te "desterró". El destino quiso que no fueses jamás la reina de la casa. Reinó la mala, como en las intrigas palaciegas. Mi más sincera condolencia al tiesto. Y a ti, donde quiera que estés, solo puedo decirte: DESCANSA EN PAZ