Se pliega la pared de mi cuarto como una sábana a medida que mis ideas se arrugan al convertirse en nada. Me aburre esperar algo llamado nada. Por larga e infructuosa. Porque quiero algo más que nada. Sentir algo más que nada. Ser algo más que nada. Tener algo más que nada. Pero de momento, nada.
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